La tarde del 10 de marzo de 2004 me tocó preparar un perfil de Mariano Rajoy que pocos días después, una vez celebradas las elecciones españolas del 14-M, tenía que protagonizar la página del periódico dedicada al aspecto más humano del nuevo presidente. Sólo cuarenta y ocho horas después, justo antes de la jornada de reflexión, el jefe de la sección de política me aconsejó